Durante años, la edición genética tradicional se ha enfocado en modificar directamente la secuencia del ADN, es decir, el manual de instrucciones que heredamos de nuestros papás. Pero ahora los científicos están explorando una técnica distinta que promete cambiar el juego: la edición del epigenoma.
A diferencia de la edición clásica, este enfoque no toca el código genético en sí, sino las marcas químicas que se acumulan sobre el ADN a lo largo de nuestra vida. Estas marcas, conocidas como el epigenoma, funcionan como interruptores que prenden o apagan genes dependiendo de lo que vivimos: el estrés, la alimentación, el ambiente en el que crecemos e incluso experiencias traumáticas pueden dejar huellas moleculares que afectan cómo se expresan nuestros genes.
En otras palabras, si la genética tradicional se enfoca en la ‘naturaleza’ que traemos de fábrica, la edición del epigenoma apunta a la ‘crianza’, es decir, todo lo que la vida nos va marcando encima. La idea es que, al identificar y corregir estas cicatrices moleculares, algún día se podrían tratar enfermedades o condiciones relacionadas con experiencias pasadas, sin necesidad de alterar el ADN original de una persona.
Se trata de un campo todavía en desarrollo, pero que abre una puerta fascinante para entender mejor cómo nuestras experiencias se graban literalmente en nuestras células. Te invitamos a leer la nota completa en The New York Times para conocer más detalles sobre esta prometedora tecnología.
Fuente: A Newer Kind of Gene Editing Promises to Edit ‘Nurture’ Over ‘Nature’ (rss.nytimes.com). Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: Chaya5260.
