Todo empezó como una caminata cualquiera. Kent Hups, maestro de preparatoria y cazador de fósiles amateur con 30 años de experiencia buscando huellas antiguas, se recuperaba de una cirugía de rodilla cuando decidió explorar un estrecho valle rocoso en las badlands (así se les llama a estas zonas áridas y erosionadas) de Dakota del Norte, Estados Unidos. Ahí notó algo que sobresalía de la tierra: una figura triangular que parecía formada por tres dedos gigantes.
Emocionado, le envió un mensaje a su amigo Tyler Lyson, paleontólogo y explorador de National Geographic, con quien colaboraba ese día como voluntario. Lyson se mostró escéptico, pues hasta ese momento solo se conocían dos huellas de T. rex adulto confirmadas en el mundo: una en Nuevo México y otra en Montana. Encontrar cualquier huella de dinosaurio ya es poco común, y más en la Formación Hell Creek, una capa geológica que conserva bien los huesos gracias a su origen de planicies inundables, pero que rara vez guarda rastros como pisadas.
Al día siguiente, Hups regresó al sitio y señaló una segunda marca más difícil de identificar. Ese hallazgo cambió la conversación: ya no se trataba de una sola huella aislada, sino de un posible rastro, algo que Lyson describió como «absolutamente improbable» tratándose de un T. rex adulto.
Si quieres conocer cómo continuó esta historia y qué significa este descubrimiento para la paleontología, te invitamos a leer la nota completa en National Geographic.
Fuente: How an Unlikely Fossil Hunter Found a Tyrannosaurus Trail (nationalgeographic.com). Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: Aec1383.
