Hace más de 4,000 años, en lo que hoy es Irak, una mujer llamada Enheduanna grababa con un punzón de carrizo pequeños símbolos en forma de cuña sobre tablillas de barro. Era hija de Sargón de Akkad, el rey que unificó decenas de ciudades sumerias y acadias, y se desempeñaba como alta sacerdotisa del dios luna Nanna en la ciudad de Ur. Cuando un líder rebelde la desterró de su templo, Enheduanna no se quedó callada: escribió himnos dirigidos a la diosa Inanna pidiendo protección y venganza, convencida de que sus palabras tenían el poder de mover a los dioses a su favor.
Esos textos, tan poderosos que se conservaron durante siglos, la convierten en la primera autora de la que se tiene registro con nombre propio en la historia de la humanidad. Según el asiriólogo Sophus Helle, quien recientemente tradujo su obra al inglés, los objetos y tablillas que la mencionan siguieron siendo apreciados mucho tiempo después de su muerte, prueba de su enorme influencia.
Aunque los expertos aún debaten qué tanto de su voz original sobrevivió en las copias que se conservan, no hay duda de que existió: las excavaciones en el templo de Ur confirman que ella y las sacerdotisas que la sucedieron tuvieron un poder político que contradice lo que se creía sobre el papel de las mujeres en las primeras civilizaciones.
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Fuente: The Forgotten Princess Who Crushed Her Enemies With Poems (nationalgeographic.com). Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: Rama.
