Hace 25 años, los arquitectos Gustavo Bonevardi y John Bennett vieron caer las Torres Gemelas desde la avenida West Side Highway en Nueva York. Como no podían ayudar en el sitio del desastre —conocido como Ground Zero—, decidieron honrar la pérdida de otra forma: proyectando dos haces de luz hacia el cielo justo donde estaban las torres. En menos de 48 horas nació la idea que hoy conocemos como ‘Tribute in Light’ (algo así como ‘Tributo de Luz’), una instalación de arte público que se enciende cada 11 de septiembre desde el atardecer hasta el amanecer.
Lo que empezó como un homenaje pensado para una sola noche se convirtió en una tradición que ya cumple un cuarto de siglo. Para conmemorar el aniversario, el Museo y Memorial del 9/11, que ahora organiza el evento, invitó al fotógrafo de National Geographic Christopher Payne a documentar todo el proceso, incluyendo al equipo que hace posible este montaje año con año.
Armar esta obra no es cosa sencilla: se necesitan 88 reflectores —no solo dos, como muchos creen—, ocho transformadores gigantes y tres generadores de 500 kilovatios, similares a los que se usan en conciertos de rock. Según Scott Campbell, quien supervisa el evento, la instalación puede consumir tanta energía como cien casas promedio en su punto máximo, y requiere miles de metros de cableado subido a pulso hasta la azotea de un estacionamiento en Battery Park.
Lo que nació como un gesto temporal se transformó en un símbolo permanente de la resiliencia de Nueva York. Te invitamos a leer la nota completa en National Geographic para conocer todos los detalles de este esfuerzo monumental.
Fuente: Inside the Megawatt Effort to Mount New York’s 9/11 'Tribute in Light' (nationalgeographic.com). Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: NYCMarines, BY 2.0 (vía Openverse).
