La posibilidad de que Canadá se una a la Unión Europea (UE) generó confusión en varios medios europeos esta semana, pero la realidad es más matizada: no se trata de una membresía plena —imposible según las reglas de la UE, ya que Canadá no está en territorio europeo—, sino de una figura nueva llamada ‘membresía asociada’.
La propuesta la lanzó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió con entusiasmo en un discurso ante el Parlamento Europeo. Carney planteó que Canadá y Europa deben reforzar su autonomía estratégica trabajando juntos en energía, seguridad económica, materiales críticos, tecnología, inteligencia artificial y defensa. Aclaró que la idea no busca crear un bloque en contra de nadie, sino una nueva forma de cooperación multilateral frente a un mundo cada vez más impredecible.
Detrás de este acercamiento está la sombra de Estados Unidos: tanto Canadá como la UE sienten que ya no pueden confiar del todo en Washington como socio comercial y de defensa, sobre todo después de que el presidente Donald Trump amenazara con imponer ‘aranceles muy altos’ si el acuerdo avanza, calificándolo incluso de posible ‘acto hostil’.
Aunque la ovación en el Parlamento Europeo fue calurosa, el camino apenas comienza: cualquier acuerdo necesitaría la aprobación de los 27 países de la UE, no existe un precedente legal parecido y las negociaciones podrían ser largas y complicadas. Te invitamos a leer la nota original de la BBC para conocer todos los detalles de esta historia.
Fuente: Warm words on Canada's EU 'associate membership' but no guarantees (feeds.bbci.co.uk). Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: European Parliament, BY-NC-ND 2.0 (vía Openverse).
