La bióloga reproductiva Nicole McPherson comenzó a cuestionarse si los humanos podrían reproducirse fuera de la Tierra después de ver un documental sobre el espacio. Lo que parecía una respuesta obvia se transformó en un tema de investigación complejo, pues el embarazo depende de múltiples condiciones ambientales que existen únicamente gracias a la gravedad y a la protección atmosférica terrestre.
El espacio representa un entorno hostil incluso para astronautas adultos: sin trajes presurizados, una persona puede perder el conocimiento y morir en segundos. Además, las tormentas solares liberan rayos cósmicos capaces de dañar el ADN, mientras que la microgravedad provoca pérdida de masa muscular y ósea, problemas cardiovasculares y alteraciones neurológicas.
Pese a estos riesgos, especialistas como Douglas Ruden, biólogo del desarrollo en la Universidad Estatal Wayne, en Michigan, consideran que un embarazo espacial es cuestión de tiempo conforme avancen las misiones a la Luna y Marte, ya sea de forma accidental o planeada.
En Australia, el equipo de McPherson utilizó un dispositivo llamado clinostato para simular la ausencia de gravedad y estudiar el comportamiento de espermatozoides humanos, de ratón y de cerdo. Los resultados, publicados en la revista Communications Biology, mostraron que entre 30 y 50 por ciento menos espermatozoides lograban completar el trayecto hacia el óvulo bajo estas condiciones, aunque la hormona progesterona mejoró su desempeño.
Para conocer más detalles sobre estos experimentos y sus implicaciones, se recomienda leer la nota completa en National Geographic.
Imagen: Astro_Alex, BY-SA 2.0 (vía Openverse).
