Durante casi 400 años, cazadores de tesoros y arqueólogos submarinos han buscado sin éxito los restos del ferri de carga Blessing of Burntisland, que según los registros históricos se hundió en 1633 en el estuario del Firth of Forth, al norte de Edimburgo, Escocia. La embarcación transportaba oro, plata y objetos reales pertenecientes al rey Carlos I, con un valor estimado en 100,000 libras de la época, equivalentes a más de 25 millones de dólares actuales (unos 500 millones de pesos mexicanos, según el tipo de cambio vigente).
Recientemente, medios británicos reportaron que el Burntisland Heritage Trust, un grupo voluntario de historia local, finalmente había localizado el naufragio tras más de tres décadas de búsqueda. Sin embargo, Ian Archibald, cartógrafo retirado que encabeza la investigación, aclaró a National Geographic que buena parte de la información difundida es incorrecta y que la organización todavía no tiene una postura oficial que compartir.
Arqueólogos marítimos ajenos al proyecto, como Sean Kingsley, editor de la revista Wreckwatch, expresaron escepticismo, pues no existe evidencia sólida de que el barco realmente se encuentre en ese sitio. A esto se suma que el fondo del estuario está cubierto de sedimento y alberga los restos de unas 500 embarcaciones distintas, incluidas naves de las dos guerras mundiales, lo que complica cualquier hallazgo definitivo.
Según la historia, el barco naufragó durante una tormenta repentina mientras Carlos I cruzaba el estuario —un trayecto de apenas ocho kilómetros— tras su coronación como rey de Escocia, ceremonia que se retrasó siete años respecto a su coronación inglesa debido a la complejidad de unir ambas coronas.
Para conocer los detalles completos de esta historia y las dudas que persisten entre los expertos, se recomienda leer la nota original de National Geographic.
