El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS, por sus siglas en inglés, algo así como la CONANP mexicana pero a nivel federal en aquel país) cumple 110 años y atraviesa un momento crucial. Desde 1916, cuando el presidente Woodrow Wilson firmó la ley que le dio origen, su misión ha sido conservar paisajes y sitios históricos intactos para las futuras generaciones. Pero esa ley no contempló fenómenos que no respetan fronteras, como el viento, los ríos o los gases de efecto invernadero.
Un ejemplo esperanzador ocurre en el Parque Nacional de las Montañas Rocosas, en el valle de Kawuneeche, cuna del río Colorado. Ahí, castores que desaparecieron hace un siglo por la caza y el desvío de agua para riego dejaron un ecosistema degradado. Hoy, voluntarios y científicos construyen a mano decenas de represas artificiales para frenar el agua, revivir los humedales e invitar a los castores a regresar a su hogar.
Mientras tanto, los parques se han convertido en archivos climáticos invaluables. Un análisis de 2022 encontró que 61 de 62 parques importantes se han calentado desde 1916, y dos terceras partes lo hicieron al menos 1.1°C (2°F). En las Sierras de Sequoia y Kings Canyon, la sequía y los incendios amenazan a las secuoyas gigantes, antes consideradas invulnerables al fuego. En los Everglades, el nivel del mar ha subido cerca de 10 centímetros (cuatro pulgadas) desde 1940.
Si te interesa conocer más sobre cómo estos paisajes protegidos están documentando el cambio climático y qué puedes hacer como visitante para ayudar, te invitamos a leer la nota completa en National Geographic.
Imagen: jasontinkey, BY-NC-SA 2.0 (vía Openverse).
