Esta semana, una avalancha de agua, roca y lodo bajó con fuerza por un valle del Himalaya, en la frontera entre Nepal y China, arrasando casas, puentes, caminos y a las personas que se encontraban ahí. Según las primeras evaluaciones, fragmentos de un glaciar y parte de un acantilado se desprendieron desde miles de metros de altura, liberando una cantidad de material equivalente a 70 veces la Gran Pirámide de Guiza.
Aunque esta tragedia específica tomó a todos por sorpresa, los expertos advierten que este tipo de colapsos glaciares repentinos se están volviendo más comunes conforme el planeta se calienta. El cambio climático está derritiendo los glaciares a un ritmo sin precedentes, y cuando el hielo que se sostiene precariamente en las montañas se debilita demasiado, termina cayendo sobre lo que haya debajo.
El fenómeno no es exclusivo del Himalaya: cordilleras en Noruega, Nueva Zelanda, Islandia y Chile también tienen estas «bombas de tiempo» de hielo en sus picos más altos. Dependiendo de la geografía, un colapso puede generar desde una inundación repentina hasta un megatsunami capaz de alcanzar la altura de un rascacielos, como ya ocurrió en Groenlandia y Alaska en años recientes.
La buena noticia es que algunos glaciares peligrosos, cuando se monitorean adecuadamente, muestran señales antes de desplomarse, lo que podría salvar miles de vidas. La pregunta es si esa vigilancia bastará para proteger a millones de personas en un futuro cada vez más cálido. Te invitamos a leer la nota completa en National Geographic para conocer más detalles sobre este fenómeno.
Imagen: NASA's Marshall Space Flight Center, BY-NC 2.0 (vía Openverse).
