El pasado 27 de agosto, un grupo de ladrones entró al Museo de Villena, en el sureste de España, y en cuestión de minutos se llevó la mayor parte de uno de los tesoros arqueológicos más importantes de Europa: el Tesoro de Villena, una colección de piezas de oro, plata y ámbar que data de la Edad de Bronce, hace más de 3,000 años.
El hallazgo original ocurrió en 1963, cuando el arqueólogo José María Soler encontró por casualidad un destello dorado dentro de una vasija enterrada en un lecho de río seco. Ahí aparecieron 66 objetos, entre ellos brazaletes, frascos y cuencos de oro finamente trabajados, con un peso total de más de 9 kilos (20 libras). Los expertos creen que el tesoro se escondió cuando terminó el asentamiento cercano de Cabezo Redondo, activo entre 1500 y 1100 a.C.
Lo más curioso de la colección son dos piezas de hierro que durante décadas desconcertaron a los investigadores, ya que en esa región no se dominaba la fundición de hierro sino hasta siglos después. En 2023, análisis más avanzados revelaron que ese hierro provenía en realidad de meteoritos, una aleación de hierro y níquel que los artesanos de la época pudieron trabajar sin necesidad de fundir mineral. Irónicamente, esas dos piezas de hierro meteórico fueron las únicas que los ladrones dejaron atrás.
Arqueólogos españoles temen que el resto del oro termine fundido y vendido, borrando para siempre un registro invaluable de la civilización prehistórica. Te invitamos a leer la nota completa en National Geographic para conocer más detalles de este robo y la historia detrás del tesoro.
Imagen: Santabiblia.
