Rachel Green manejaba hacia el gimnasio en el pueblo de Sully, en Gales, cuando algo le llamó la atención: dos perritos shih-tzu caminaban solos por la banqueta. Le pareció tan extraño que decidió orillarse para investigar, y fue entonces cuando encontró a Alan Hale, de 75 años, tirado boca abajo e inconsciente.
Hale, quien paseaba a sus mascotas Toffee y Poppy mientras esperaba el camión, había sufrido un paro cardiaco y cayó de frente contra el piso. Green, quien trabajó 13 años como operadora telefónica de ambulancias pero nunca había atendido una emergencia en persona, llamó de inmediato al número de emergencias y comenzó a darle compresiones de pecho.
Con la guía telefónica de otro operador, un velador del edificio donde vivía Hale llevó un desfibrilador. Varias personas se acercaron a ayudar, incluida una enfermera que estaba libre ese día, y entre todos lograron aplicar una descarga que le devolvió el ritmo cardiaco al hombre antes de que llegaran los paramédicos.
Hale despertó horas después en el hospital, donde le colocaron cuatro stents (tubos pequeños que ayudan a mantener abiertas las arterias). Su médico le dijo que, sin la ayuda de los desconocidos, sus probabilidades de sobrevivir eran de apenas 2%.
Meses después, Hale y Green se reencontraron en un emotivo careo, y ella fue reconocida con un certificado de la Royal Humane Society por su valentía. Hoy, agradecido con la vida, Hale viaja por el Reino Unido con sus perros cumpliendo pendientes de su lista de deseos.
Te invitamos a leer la nota original en BBC para conocer más detalles de esta historia.
Imagen: Win Henderson / FEMA.
