Ariana Grande vivió una noche cargada de emociones el martes pasado, cuando cerró su gira Eternal Sunshine en Londres y se preparó para alejarse de la vida pública por tiempo indefinido. Durante el concierto, la cantante estuvo a punto de las lágrimas, sobre todo al interpretar «One Last Time», canción que se convirtió en un himno para los sobrevivientes del atentado terrorista de Manchester en 2017.
El mes pasado, Grande había anunciado que se tomaría un descanso de todas sus apariciones públicas, luego de meses de especulación sobre su salud y su apariencia física. Esta pausa incluye su retiro de la obra de teatro «Sunday in the Park with George», programada para el próximo verano en el teatro Barbican de Londres, donde iba a compartir créditos con su compañero de «Wicked», Jonathan Bailey, quien también se bajó del proyecto.
Pese a las preocupaciones sobre su salud, la artista no mostró señales de fragilidad en el escenario, más allá de una lesión en el pie que la obligó a cambiar sus tradicionales tacones de aguja por botas plataforma. Al final del show, agradeció visiblemente conmovida a sus fans por el apoyo recibido y explicó que su decisión de tomar distancia surgió de un lugar «reflexivo y empoderado», asegurando que todos necesitamos poner límites y descansar de vez en cuando.
La residencia de diez conciertos en la Arena O2 de Londres representó la última oportunidad para muchos fans de verla en vivo, pues llegaron desde China, Australia y distintas ciudades europeas: en total, 200 mil personas asistieron a las fechas en la capital inglesa.
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Imagen: Eva Rinaldi.
