Remedios Caseros. Pequeño, pero muy efectivo: EL AJO.

Tal vez algunos de ustedes tuvieron la suerte de tener una abuelita cariñosa que llegaba a socorrerlos cuando tenían dolor de oído. Ponía a calentar en una sartén una pringa de aceite, y luego ponía un diente de ajo. Después el ajo caliente, lo enrollaba en un algodón y tibiecito lo ponía en el oído. Casi siempre eliminaba el dolor. Y ni qué decir cuando alguien se resfriaba muy a menudo o tenía tos o bronquitis. Ella machacaba unos cuatro dientes de ajo y los ponía en un frasco con un poquito de miel de abeja. Nos daba unas tres cucharaditas al día, y adiós resfrío, adiós flemas y adiós tos.
Hoy en día, los secretos de nuestras abuelas se han ido aclarando. El ajo tiene muchas propiedades medicinales: aumenta las defensas del cuerpo, ayuda a combatir las infecciones y las jaquecas. También el asma, la tos y la bronquitis. Además ayuda a bajar la presión alta, a tener una buena circulación de la sangre y a combatir los hongos. Por eso vale la pena comer un diente de ajo diario, picado muy fino en la ensalada, pues crudo es más efectivo.
Y si se tiene reumatismo, se machaca un diente de ajo, se le agrega una cucharadita de jugo de limón y se toma en ayunas y al acostarse. Este remedio se toma por un mes. Luego se descansa 15 días y se repite el trata miento

Fuente: Libro Almanaque Escuela para Todos