Cuando pensamos en salud mental posparto, casi siempre imaginamos a una mujer que no puede levantarse de la cama o que llora sin parar. Pero un reportaje de National Geographic muestra que esa imagen deja fuera a muchas personas que también la están pasando mal, aunque de forma distinta.
Katie Crenshaw, quien trabajó años en labor de parto y como doula, pensaba que conocía todas las señales de alerta. Sin embargo, tras el nacimiento de su tercer hijo, la crisis no llegó como esperaba: apareció casi un año después, cuando el bebé dejó la leche materna, y se manifestó como indiferencia y pensamientos intrusivos de suicidio, no como la tristeza extrema que solemos asociar con la depresión posparto.
Según Tiffany A. Moore Simas, jefa de obstetricia y ginecología en UMass Memorial Health, uno de los grandes errores es creer que todos los problemas de salud mental posparto son sinónimo de depresión, cuando en realidad el espectro incluye ansiedad, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo, ataques de pánico, psicosis y estrés postraumático.
En Estados Unidos, una de cada ocho mujeres reporta síntomas de depresión posparto, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). El estrés postraumático relacionado con el parto, por ejemplo, puede pasar desapercibido incluso en las herramientas de detección estándar, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento adecuado.
Te invitamos a leer la nota completa en National Geographic para conocer más sobre este tema.
Fuente: Why Postpartum Mental Illness Doesn’t Always Look Like Depression (nationalgeographic.com). Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: sean dreilinger, BY-NC-SA 2.0 (vía Openverse).
